Fronterizo. Un hallazgo maravilloso encontrar la prosa de este mexicano deslumbrante. Línea a línea, de puntillas, te atrapa con esta novela corta incrustada en la frontera entre México y Estados Unidos. Una mujer cruza la línea prometida, con el peligro añadido de ser una mujer sola. Makina sintió el primer contacto, muy breve, como por descuido, pero
ella conocia esa clase de descuidos: un restregón milimétrico en su codo
prolongando el manoseo voraz. Una travesía dura y llena de miedos. Apenas se había dado baños de pájaro en los sanitarios de las gasolinerías.
Al otro lado nada es fácil. Primero no había nada. Hay que pisar con pies de plomo. Pero conforme se acercaban discernió los rasgos de la gente, que no era
mujer; ni era la suya panza de embarazo; era un pobre infeliz hinchado
de putrefacción al que los zopilotes ya le habían comido los ojos y la
lengua.
Merece la pena este libro solo por la explicación que hace un personaje sobre el béisbol, el mismo que, cuando le preguntan si le gusta este deporte, contesta: Tst, yo aquí no más estoy de paso. Tierras hostiles donde algunos no es que sean hijos de la chingada, nomás han tenido que aprender a parecerlo. Una caricia literaria.

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