Esto eran un mexicano, un gringo y un ruso -no, tranquilos, no es un chiste-, a los que encargan proteger al presidente norteamericano en su vista a México. Bernal crea la novela negra mexicana con un personaje fascinante, duro y de gatillo fácil. Lo que no podía remediar era la cicatriz de la mejilla, pero el gringo que se la había hecho tampoco podía remediar ya su muerte. A Filiberto lo contratan en principio a pesar de su forma de ser y de su fama de pendenciero pero resulta que precisamente será escogido por esa idiosincrasia tan peculiar. Dicen que más que un investigador, un policia, es usted un pistolero profesional. Y es que, además, anda metida en el asunto la comunidad china y nuestro policia mexicano toma parte en sus jugadas de póker y les encubre en sus fumaderos de opio. Mas que un barrio chino, da el aspecto de una calle vieja donde han anclado algunos chinos, huérfanos de dragones imperiales, de recetas milenarias y de misterios. Aquí se desenvuelve como pez en el agua y se entiende muy bien con la población. Cuando mujé ya está vieja, homble tomal segunda mujer, pala dejal descansal a mujel plimela. Mu honolable costumble china. Y aquí conocerá a una joven que le derretirá su congelado corazón y a otras mujeres maltratadas por la vida. Y yo trabajaba en un burdel y por eso ya nunca podemos vivir en paz. Por eso ya no tenemos derecho a nada. Una mezcla sugerente de los barrios bajos y las altas esferas de militares, policías y espías con fondo político.
Una novela brillante donde los espabilados no lo son tanto y acaban mal gracias a alguno que imaginaban lelo y no lo era. Como pasa casi siempre en la vida, no hay mejor filosofía que hacerse un poco el tonto y no presumir de nada. Al maestro Quevedo en una ocasión le indicaron que parecía más cojo de lo habitual y contestó certero que exageraba su cojera y se acompañaba del bastón para hacerse perdonar el éxito. Este diálogo podría pertenecer a esta magnífica novela negra, donde el género muestra todas sus virtudes.

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