Pero Carmen se centra en el director de orquesta de esta etapa de nuestra historia reciente. Me juego lo que quieras a que vas a ser el presidente del primer Gobierno de la democracia.
Y Vicent gira y gira en torno al tahúr del Misisipi, su ambición
política, su administración de España y su evolución humana y política. Y
claro, como toda historia de la transición, que seguimos sin saber muy bien si
ya se ha acabado o no, sale a relucir el golpe de estado. Imborrable e
inolvidable para todos. "Al suelo nunca -pensó
Suárez en ese momento- el hombre ha tardado dos millones de años en
ponerse de pie para que venga ahora un demente hijo de puta y nos
obligue a ir otra vez a cuatro patas. Yo no, por mis cojones".
Capaz de resumir una decada en una frase: Los años ochenta fueron realmente nuestro mayo del 68 de espoleta retardada. O también: Se desintegró la Movida y se instauró la ropa de marca.
Y todo y mucho más bajo la mirada de Carmen. Nunca se sabía qué tramaba la mujer rubia ni quién movía los hilos. La CIA o la KGB. O simplemente su capricho.
Siempre nos quedará la transición.
Siempre nos quedará la transición.

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