José Ovejero se ha ido instalando poco a poco en mi biblioteca sin ruido y de puntillas. Ahora ocupa un lugar importante y extenso gracias a su notable literatura y a una imaginación desbordante.
Un hombre recibe una llamada anónima que le comunica la muerte de su amante. Él no conoce a la fallecida pero decide meterse en el mundo de esa mujer y para ello tendrá que fingir incluso que estaba casado para justificar el falso adulterio. Un delirio absoluto. Tendré que hacer algunos cambios en el apartamento para dar la impresión de que aquí ha vivido una mujer hasta hace poco. Y lo consigue. Llega a conocer a su hermana y a su marido. Me resulta difícil imaginar a Clara enamorada de esta ruina, de este
pelele desmadejado que ahora bebe de manera ruidosa y poco a poco va
quedándose dormido. Este interesante y sugerente principio mantiene la altura durante toda la novela. Y no es nada fácil. Cualquier recoveco del libro lo aprovecha para deslizar una prosa fluida con un faro que otea y registra la realidad. El encargado del almacén vela por sus territorios, un cancerbero que en
lugar de tres cabezas tiene una tan grande que hace pensar
inmediatamente en alguna enfermedad infantil, en una secreta minusvalía.

No hay comentarios:
Publicar un comentario