1 de julio de 2013

Manuel Chaves Nogales: El maestro Juan Martínez que estaba allí

   Hilarante. Un bailarín flamenco es sorprendido  en Rusia por la Revolución de 1917, la guerra civil posterior y la  invasión polaca. Huye continuamente de un bando al otro e intenta sobrevivir al caos y a la violencia. Chaves Nogales lo conoce en París, escucha su historia y la transforma en esta novela delirante que nos ofrece una visión apocalíptica de estos hechos. Ya avisa Andrés Trapiello en el prologo: No deja de ser curioso que revolución tan trascendente como la soviética la relate un especialista en castañuelas. Pues sí, lo es. Y el resultado sorprende, quizá sea porque, continúa Trapiello, sólo el humor puede aligerar el amargo peso de la Historia.
   El caldo de cultivo para que sucediera lo que pasó era perfecto: Cuarenta mil policias del zar había en Petrogrado el día que estalló la revolución. En ocho días no quedó ni uno. El pueblo tenía tanto rencor acumulado contra ellos que cuando yo llegué salían a cazarlos como si fueran conejos. Pero las fuerzas se equilibran hasta que se imponen los bolcheviques. Sencillamente, porque los rojos pasaban hambre al mismo tiempo que la población civil y los blancos no. Pero nada ha terminado, los polacos invaden parte de Rusia y al final los tiranos de fuera nos hicieron preferir mil veces a los tiranos de dentro.
   Y el bailarín salta de un lugar a otro como un muñeco de trapo y con la única aspiración de comer un día más. Eso sí, tenía que llevarme también la guitarra, porque con revolución o sin ella, ¿qué hace un flamenco sin guitarra?
   Pluma brillante la de este escritor olvidado durante demasiado tiempo, que invita a leer el resto de sus libros publicados en los últimos años, ya era hora.




 

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