Vital. Javier Reverte es viajero y escritor y ha conseguido vivir de ello, tarea casi imposible en nuestro país. Su vocación viajera la plasma antes de empezar el libro con una cita de R.L. Stevenson, me dicen que hay personas a las que los mapas les dejan fríos y me cuesta creerlo. Y su aptitud narradora queda una vez más de manifiesto al leer esta magnífica obra.
De todos sus viajes por el mundo siempre ha declarado su debilidad por Africa y volver a las colinas, las praderas, los bosques y los lagos del este de
África, después de varios años de ausencia, acelera los latidos del
corazón y renueva los fluidos del espíritu.
La realidad humana en el continente negro es dura y aunque el paisaje transmitía una juvenil lozanía, muchas veces no es fácil enfrentarte a lo que ven tus ojos. No era un lugar para la vida. Todo cuanto se mostraba ante nuestros ojos convocaba a la muerte y es que la vida humana crece entre perplejidades humanas.
África nos emociona, entre otras cosas, porque nos empuja hacia la infancia, lo sencillo nos conmueve porque necesitamos alejarnos del artificio, volver a la sencillez. Y sentir que los domingos en África me recuerdan los de mi infancia española puede gratificar más que los lujos de occidente.
Además de viajero y escritor, es un lector empedernido y busca en los libros información sobre los lugares que visita, nos enriquece no solo con lo que ve, sino con lo que otros viajeros anteriores contemplaron en su momento. Un misionero descubre el Kilimanjaro nevado y en Europa no le creen porque ¿Cómo iba a ver nieve a tan solo 3 grados al sur del Ecuador y a 290 kilómetros de la costa tropical? ¡Pues la había!
Leyendo esta obra uno aprende que si viajas, no envejeces y que los cocodrilos huyen de nosotros porque saben que somos animales hambrientos.
A lo largo del libro intercala varias veces su frase recurrente sobre África: Todo se complica de la forma más inesperada y todo acaba por resolverse de la forma más insólita. Y una y otra vez su narración nos demuestra que no solo es verdad, sino inevitable. Su curiosidad y ansia de conocimiento le proporciona una lucidez muy gratificante en la rigidez de nuestro mundo, la lectura es un soplo fresco en esta sociedad vieja y marchita.
.

No hay comentarios:
Publicar un comentario