Fascinante. Simenon tiene la insólita capacidad de presentarnos la ciudad donde se desarrolla una obra suya en un par de páginas con absoluta claridad. Y es posible que le sobren unas cuantas líneas. Aquí lo consigue con La Rochelle y en tres minutos de lectura parece que estamos paseando por sus calles y nos detenemos frente a la tienda del sombrerero, protagonista de esta magnífica novela. Incluso, si giramos la cabeza, podemos contemplar sin esfuerzo el comercio de su vecino el sastrecillo. También es capaz de definir a un personaje con cuatro palabras, era más bien gorda, muy tonta, con unos ojos saltones e inexpresivos.
Y ya estamos enganchados de nuevo a una novela de Simenon. Porque su facilidad, su habilidad para mostrarnos el alma de sus siempre fascinantes personajes es sorprendente, sobre todo si tenemos en cuenta que lo consigue en cientos de libros.
El sombrerero, al que no le gusta que le llamen así, piensa que había un tiempo para todo, y sólo en contadas ocasiones alteraba el orden de sus movimientos. Sus horarios se repiten de forma gradual e inexorable en su trabajo, en sus comidas e incluso en su asistencia al café para disputar su partida diaria de cartas. Hubiera podido decirse que ésta duraba desde hace muchos años,
puesto que volvía a empezar todos los días a la misma hora, en la misma
mesa, con las mismas consumiciones, ante los mismos jugadores, las
mismas pipas y los mismos cigarros.
Muy pronto nos cuenta el escritor que nuestro protagonista había matado a cinco viejas desde el 3 de noviembre, es decir, en veinte días. Pero él se había limitado a hacer lo que tenía que hacer. No se preocupen, no les estoy estropeando la trama. Cada página enriquece esta historia de forma generosa y el argumento no es más que una excusa para escribir de forma brillante la historia de un psicópata: La lluvia, en las calles negras, con un halo en torno a cada luz y
reflejos en el suelo, no sólo le había proporcionado cierta excitación,
sino que además facilitaba sus movimientos.
Simenon vivió con intensidad y escribió de la misma forma.
Simenon vivió con intensidad y escribió de la misma forma.

Felicidades. Enhorabuena por tu nuevo blog. Es un encanto tener un amigo intelectual y con conocimientos de literatura, que a algunos principiantes, como yo, nos aconseje esos libros maravillosos que no nos debemos perder.
ResponderEliminarContigo descubro mundos fascinates tanto de gastronomía, como momentos llenos de aventuras como cuando me recomiendas un libro o una película.
Gracias Javier, aquí tienes tu primera seguidora
Gracias Elisa, qué bueno es tener amigos; no son objetivos pero son encantadores.
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